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Aragón andalusí. Zagr-Alandalús

Aragón, siendo un país de Europa, es en gran parte un extenso y blanco desierto surcado de oasis lineales en torno a sus ríos. Posee un extenso legado andalusí: la arquitectura zagrí de ladrillo y yeso, del s. XI, confundida entre la Arquitectura Mudéjar, Patrimonio de la Humanidad. Medio natural y arquitectura zagrí nos conducen al exótico origen de esta última: Irán o la Persia del s. X, de donde vienen soluciones estructurales, constructivas y decorativas.

Calatayud. Aragón (foto Agustín Sanmiguel)

ARTE ISLÁMICO EN ARAGÓN: LA ARQUITECTURA ZAGRÍ

JAVIER PEÑA GONZALVO
JOSÉ M. PINILLA GONZALVO
(De un trabajo de investigación presentado en 1986 a los premios King Fahd awards)

Zuera. Arco de la Mora












ÍNDICE
1.- ZAGR ALANDALÚS / ARAGÓN ANDALUSÍ
1.1. Encuadre histórico
1.2. Arquitectura Islámica documentada en Zagr Alandalús
2.- EL ARTE MUDEJAR
2.1 Arquitectura Mudéjar Aragonesa/Estado de la cuestión
2.2 Análisis crítico
2.3 Conclusión
3.- LA ARQUITECTURA ZAGRI
3.1.1 La Arquitectura Islámica de Alandalús
3.1.2 La Arquitectura Islámica de la Marca Superior/Reino de Saraqusta
3.2 La Arquitectura Oriental de ladrillo hasta el siglo XII
3.2.1 Los antecedentes de la Aljafería: Uhaydir y Sámarrá, Irán, Afganistán Turquestán, Siria e Irak
3.3. Alminares, Mezquitas y otros edificios zagríes
3.3.1. Los Alminares
3.3.2 Las Mezquitas
3.3.3 Otros edificios
3.4. La Arquitectura Mudéjar: Evolución de la Arquitectura Zagrí
3.4.1 Elementos decorativos de la Arquitectura Mudéjar
3.5. Distribución Regional
3.5.1 Zaragoza
3.5.2 El distrito de Zaragoza / ºamal de Saraqusta
3.5.3 El distrito de Calatayud/ ºamal de Qaºalat-Ayyub
3.5.4 Otros distritos de Aragón
4.- CONCLUSIÓN




1 ZAGR ALANDALÚS / ARAGÓN ANDALUSÍ

1.1. ENCUADRE HISTÓRICO
Zagr Alandalús o la Marca Superior de Al-Andalus, es el territorio situado en el valle del Ebro, organizado en torno a la ciudad de Zaragoza (Saraqusta), dotado de cierta autonomía administrativa entre los años 714, año en el que fue ocupado por el ejército islámico, y 1018, en el que Mundir I se independizó del poder de Córdoba dando origen al Reino de Saraqusta, la taifa más importante de todas las que se originaron tras la fitna y la consiguiente desmembración del califato Omeya.
En 1118, Saraqusta fue conquistada por el rey cristiano de Aragón, Alfonso I el Batallador, y la mayor parte de su población, la urbana, emigró al incipiente reino de Granada, así como al Magreb, especialmente a la región de Tozer (Tawzar), a donde exportó su singular arquitectura de ladrillo y yeso. Una gran parte de la población rural, especialmente en torno al valle central del Ebro y sus afluentes meridionales, permaneció manteniendo sus costumbres y religión, favorecidos por las disposiciones de la monarquía y la nobleza aragonesas; esta minoría religiosa es la que se conoce actualmente como mudéjares. En 1610, Felipe II (III en Castilla), en contra de los intereses aragoneses los expulsó, emigrando al norte del Magreb, fundamentalmente a Orán, Argel y Túnez y al sur de ésta, en el valle del Mayarda, en torno a la ciudad de Tastur; ese territorio, que había sido ocupado recientemente por los turcos, recibió la cultura de los moros aragoneses, que aún se consideraban diferentes que el resto de los andalusíes, denominándose a sí mismos como zagríes (tagarenos los llama Cervantes en el Quijote).
Zagr Alandalús, situada en el eje de transición entre oriente y occidente, desarrolló una economía eminentemente comercial, y en Saraqusta, su capital, que alcanzó una población de 50.000 habitantes hacia el año 1100, se estableció a lo largo del siglo XI la corte más brillante de todo Alandalús, sultanes de origen yemení, los Tuyibíes al principio y los Hudíes hasta la conquista de la ciudad por los almorávides, unos años antes de la conquista cristiana. El comercio del ámbar con los países nórdicos se canalizaba a través de Zaragoza, a juzgar por el hallazgo de tesorillos de moneda saraqustí en Escandinavia. Comerciantes saraqustíes, especialmente judíos, poseían grandes almacenes para mercancías de todo tipo. Estas llegaban por cami­nos protegidos o por vía fluvial, al ser el Ebro navegable en aquella época. Este intenso comercio generó grandes riquezas que se emplearon en buena parte para proteger la cultura —sabios de todo el mundo islámico acudían a Zaragoza atraídos por la liberalidad de sus gobernantes—, para edificar fastuosos edificios, y para pagar tributos a sus belico­sos vecinos cristianos, comprando así la paz del país.
La herencia más importante de este periodo, al menos la más visible, fue su arquitectura. En primer lugar la palaciega, representada por el palacio real de La Aljafería, la más conocida, o mejor dicho, la única reconocida hasta ahora; en segundo lugar, la arquitectura religiosa, que denominaremos arquitectura zagrí, confundida entre la extensa arquitectura mudéjar.

1.2.- ARQUITECTURA ISLAMICA DOCUMENTADA EN ZAGR ALANDALÚS
Zaragoza tiene la suerte de poseer un monumento clave del arte islámico, La Aljafería, una de las escasas fortalezas, junto con el ribat de Susa (Túnez), emplazada en terreno llano, en todo el occidente islámico. Tiene su origen en una fortificación del s. IX, aunque su recinto exterior pudo ser cons­truido por ºAbd-ar-rahmän An-Nasir en el s. X, y su interior acondicionado en le s. XI por el sultán saraqustí Ahmad I.
A juzgar por su emplazamiento sobre el extremo de una terraza que domina el Ebro, y por el aspecto de los torreones y lienzos de murallas el edificio debió tener una función eminentenente militar durante los siglos IX y X, compartida con la palacial en el XI. Era un amplio recinto de 87 x 78 m, cuadrangular, con torreones ultrasemicirculares a excepción de la Torre del Trovador, cuya parte inferior parece ser el resto más antiguo. Esta tipología castrense tiene sus precedentes en Oriente Próximo, con un paralelismo sorprendente, en planta y alzados, con Uhaydir, Iraq. Los torreones eran de alabastro, a imitación de la muralla romana, mientras que los lienzos eran de mampostería, tapial o aparejo concertado, con basamento de alabastro.
En el s. XI Abú Yafar Ahmad Al-Muqtadir bi-llah, en pleno esplen­dor cultural de la corte saraqustí, modificó el interior para construir un alcazar digno del brillo de su taifa. Basado en la habitual disposi­ción musulmana de patios y pabellones anexos, la parte representativa se articulaba en torno al hoy llamado patio de Santa Isabel. Se conservan los pórticos norte y sur, éste copia del original conservado en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, y dos salas y la mezquita de la zona norte. Probablemente la zona Este estaría ocupada por la guarnición militar, mientras que la oeste lo es­taría por el harén o zona privada del alcázar.
Los materiales de construcción son muy variados, estando ausente la piedra de sillería lo que la aleja de la arquitectura cordobesa. En La Aljafería se desarrollan esquemas ornamentales originales como el arco mixtilíneo, y otros orientales como las pinturas murales de la mezquita e incluso otros de origen sasánida corno la decoración vegetal en yeso. Todo ello está presidido por una extraordinaria complejidad decorativa. Muchos de estos elementos, en especial los formales, aparecen también en la arqui­tectura zagrí, y después en la mudéjar aragonesa.

1.2.- ARQUITECTURA ISLAMICA DOCUMENTADA
Zaragoza tiene la suerte de poseer un monumento clave del arte islámico, La Aljafería, única fortaleza emplazada en terreno llano de todo el occidente musulmán. Fue construida, probablemente, en el siglo X por Abderramán III, y modificada interiormente en el siglo XI por Ahmad I Al-Muqtadir, si bien tiene su origen en una fortificación del s. IX.
Se trata de un caso claro del arte andalusí, acusando la fuerte influencia oriental de la corte tuyibí. Aquí tiene su origen el arco mixtilíneo, que aparecerá posteriormente en el Magreb. La Aljafería está construida con tapial, mampostería y ladrillo, igual que la arquitectura zagrí que más adelante se expondrá, lo que la aleja mucho de la arquitectura cordobesa, construida en piedra sillar.
Los arcos mixtilíneos y otros elementos ornamentales, aparecerán en la arquitectura zagrí y después en la mudéjar aragonesa.
El resto de la arquitectura islámica documentada se refiere prin­cipalmente a recintos fortificados, destacando los de Calatayud, Baraca, Albarracín, Huesca, Rueda de Jalón, Alquezar, Alagón, Ayerbe, etc. Quedan res­tos arqueológicos en Maleján, Huesca, Baraca y Zaragoza. Existen muchos más, pero muy diseminados y a falta de ser estudiados y sistematizados.

2.- EL ARTE MUDEJAR
Se conoce por Arte Mudéjar, al que se desarrolló, fundamentalmen­te a lo largo de la Baja Edad Media, en algunos territorios de los rei­nos cristianos peninsulares. Esta denominación tiene su origen en el siglo XIX, cuando algunos eruditos acuñan el término para definir el arte de origen islámico realizado bajo dominio político cristiano. Moros o mu­déjares se denominaban en la Edad Media, a los individuos pertenecientes a la minoría musulmana.
Se distinguen en España varios focos de Arte Mudéjar:
· El foco de Castilla-León, muy asimilado al Arte Románico, aun­que construido en ladrillo.
· El foco de Toledo, nacido a partir de una evolución del arte califal de las tierras toledanas.
· El foco de Andalucía, que recrea el arte islámico existente antes de la conquista cristiana.
· El foco de Aragón, el más rico y evolucionado, recoge todo el esplendor del arte taifal saraqustí y las innovaciones que introducen, tanto los almohades corno los cristianos. Es la evolución del Arte Islámico del Norte de Alandalús, una vez que entra en contacto con la sociedad cristiana y su cultura.

2.1.- ARQUITECTURA MUDEJAR ARAGONESA. ESTADO DE LA CUESTION
En los primeros estudios sobre Arte Mudéjar aragonés apenas se le diferenciaba del resto del Arte Mudéjar español. En 1937 el ar­quitecto Francisco Iñiguez Almech publica sus primeras investigaciones sobre las torres mudéjares aragonesas; por vez primera, las sistematiza desde su concepción estructural, relacio­nándolas con los alminares hispano-musulmanes. Apunta la posibilidad de que las torres de Santa María de Tauste y San Pablo de Zaragoza sean andalusíes y no mudéjares. Estudia también de forma monográfica algunas de las igle­sias más características, como la de Santa Tecla de Cervera de la Cañada (Comundad de Calatayud) construída en 1416 por el alarife Mahoma Ramí, abriendo de esta forma el camino a posteriores estudios del tema.
Tras una publicación de José Galiay en los años 50, hablando de forma monográfica del Arte Mudéjar aragonés, en los años 80 Gon­zalo Borrás Gualis, profesor de la Universidad de Zaragoza, ha desarro­llado la obra de Galiay, lntentando sistematizar la arquitectura mudéjar aragonesa. Borrás divulga y fija de forma definitiva el mudéjar como un estilo artístico, con características pro­pias y netamente diferenciado del arte cristiano contemporáneo, ya fue­se gótico o renacentista. Considera, junto con Torres Balbás, que el Arte Mudéjar aragonés tiene sus orígenes en el siglo XIII, tras un periodo en el que supuestamente sólo se construirían edificios románicos, como una manifestación del nuevo poder cristiano.





Alagón (Ribera Alta del Ebro). Ventanal del ábside (destabicado en 2006) que, datable en el s.XIII, explica perfectamente la aparición de la arquitectura mudéjar: las técnicas estructurales, constructivas y decorativas se heredan del periodo andalusí-zagrí (en este caso del alminar del edificio) mientras que la planta y los ventanales, extraños en la mezquita precedente, son totalmente cristianos, en este caso cistercienses




Salvo escasos edificios parcial­mente documentados, como algún campanario de Daroca y Teruel, todos los edificios del primer periodo mudéjar (siglo XIII y comienzos del XIV) están adscritos al mismo de forma arbitraria, dándose además una variedad estructural y formal, de la que carecen las edificaciones posteriores. A partir del siglo XIV se comienza a tener más documentación, lo que permite fechar un gran número de edificios. Es entonces cuando se inicia el primer gran florecimiento del Arte Mudéjar. Se consolidan tipologías de iglesias de una o tres naves, iglesias fortaleza y torres con estructura y decoración supuestamente basadas en el arte almohade.
A lo largo de los siglos XV y XVI, se desarrolla y consolida, extendiéndose por gran parte del reino de Aragón y zonas limítrofes (Navarra y Rioja), especialmente en su versión de arquitectura civil, siendo lo más singular de ésta la composición de un fachada coronada por un “mirador de arquetes” (1)

(1) Brassel C, Cervera M.J., Corral, J.L., García C., Peña I, y Pinilla J.M., La cultura islámica en Aragón, Zagaroza, 1986, Pag. 95 y ss.

2.2 ANALISIS CRÍTICO DEL ORIGEN DE LA ARQUITECTURA MUDÉJAR

a) Ausencia de arquitectura románica
La primera razón implícitamente aducida para explicar la ausencia de arquitectura islámica es que toda ella es destruida tras la conquis­ta para ser sustituida por nuevos edificios de estilo románico. Pero, de forma inexplicable, se dice que estos edificios románicos o del gótico inicial, son también destruidos para ser sustituidos en los siglos XIV-XV por otros mudéjares. Así, Torres Balbás argumenta que hubo escasos ejemplos de edificios románicos, por el uso de las mezquitas, por la destrucción causada por la Guerra de los Pedros, y por la modestia de tales construcciones, “sustituidos por otros más suntuosos al mejorar la economía de la región”. En cambio el Viejo Aragón, no someti­do anteriormente al poder musulmán, posee un gran número de edificios románicos que sí se han mantenido hasta la actualidad. Pero esta situación también se da en la parte aragonesa al norte del Ebro, conquistada a los musulmanes a finales del s. XI, Ello da lugar a pensar que los edificios que supuestamente sustituyeron a los islámicos, nunca fueron construidos. En caso contrario, lo lógico sería que se hubiesen conser­vado como en el Alto Aragón, máxime, considerando que serían de piedra de sillería, más duradera que el ladrillo.
Por otra parte, los escasos ejemplos de arquitectura románica conservada dentro del reino de Saraqusta, corresponde a casos que tie­nen justificación. Daroca, pequeña ciudad andalusí, situada a 80 km al sur de Zaragoza, aumenta considera­blemente su población al pasar a ser ciudad fronteriza tras la conquis­ta, por lo que sus nuevos barrios deben proveerse de nuevos templos ro­mánicos. Zaragoza, la ciudad más importante del reino, sólo posee dos templos románicos, parece ser que la pequeña iglesia de San Jaime, derribada en-el si­glo XIX, y los ábsides de la catedral, consa­grada en lo que fue mezquita-aljama y edificados 70 años después de su consagración. ¿Tiene explicación lógica que se derribasen todas las mezquitas de Zaragoza para edificar en sus solares templos románicos, cuando ni tan siquiera había posibilidad económica de edificar una nueva catedral? Cabe pensar más bien, que se conservaron las mezquitas, limitándose, tras un largo periodo, a edificar tan sólo el ábside, imprescindible, por otra parte, para las nuevas necesidades del culto cristiano.

b) Mantenimiento de edificios, total o parcialmente, para nuevos usos
Los especialistas en arte no suelen tener en consideración una in­variante de la arquitectura, como es el mantenimiento total o parcial de edificios para nuevos usos. En general, los edificios islámicos son de simple concepción espacial, y por lo tanto adaptables fácilmente a usos diferentes de los originales. En concreto, los alminares se pudieron adaptar con facilidad a la nueva utilización como campanarios.
Aragón, inmerso en una profunda crisis demográfica y económica tras la conquista, forzosamente hubo de aprovechar los anteriores edificios en buen estado.

Calatayud. En primer término las torres de ladrillo y yeso de Santa María y San Andrés, alminares (s. XI) sus cuerpos inferiores, mudéjares (s. XV) los superiores y barrocos (s. XVII) los chapiteles. Al fondo la alcazaba o castillo Mayor, de tapial de yeso, construida en 862 por el emir de Alandalús Muhammad I


c) La arquitectura del Aragón Islámico
La Marca Superior de Alandalús en los siglos IX y X, y la taifa de Zaragoza en el XI, con el alto nivel económico y demográfico expli­cado en el capítulo anterior, tuvo que tener un elevado número de edi­ficios de uso público, especialmente en Zaragoza. No tiene explicación que a diferencia de Andalucía, no se hayan conservado más que unos po­cos -aunque sean de la categoría de La Aljafería- y algunas fortificaciones.
Aragón, que con gran tolerancia permitió la permanencia de una amplia minoría musulmana con su anterior estatus, y cuyos reyes propi­ciaron la conservación y ampliación del palacio de. La Aljafería para su propio uso, difícilmente pudo derribar el resto de edificaciones islámicas en buen estado. Su estética, además, era tan apreciada o más que la occidental, como lo demuestra el hecho del desarrollo de la arquitectura mudéjar durante los siglos XIII-XV tan semejante a la islámica que ha llevado a ser confundida con ésta.

d) La incógnita de la aparición de la arquitectura mudéjar
Según se ha creído y explicado hasta la fecha, el arte mudéjar aparece de forma súbita y con gran ímpetu 150 años después de la desa­parición del arte musulmán, con unas tipologías muy elaboradas y refi­nadas. Todo ello, de la mano de una minoría religiosa sometida y desco­nectada del resto del mundo islámico.
Este razonamiento está falto de base porque obvia la existencia de precedentes, Al respecto, Borrás es tajante al afirmar que a excepción de La Aljafería, “El resto, que con su presencia monumental condicionaría el proceso de génesis y formación del arte mudéjar, ha desaparecido, que los artistas mudéjares han de conocer y copiar. Cabe pensar que la arquitectura mudéjar más antigua, no englobada tipológicamente con la más tardía conocida a través de documentación, sea, pre­cisamente, la arquitectura islámica que se había conservado.

e) Falta de estudios arquitéctónicos y constructivos en edificios no documentados
Cuando la falta de documentos impide fechar con certeza ciertos edificios, es preciso acudir a análisis de otra índole que ayuden a precisar su origen. En Zaragoza, el muro exterior de La Parroquieta de La Seo, presenta las ventanas, fechadas en el siglo XIV, rompiendo la composición estrictamente geométrica de la fachada. Esto nos obliga a datarla con bastante anteriori­dad. Se sabe que la mezquita se va derribando conforme se modifica su interior, luego este muro ha de ser musulmán. Véase de nuevo el Anexo I. Lo mismo ocurre con la cúpula interior, atribuida al siglo XIV por la heráldica del Arzobispo Fernández de Luna sobrepuesta. Es como si atribuyésemos el patio de los Leones de la Alhambra de Granada a los Reyes Católicos, por la heráldica de ellos que hay añadida.
La torre de San Gil, también en Zaragoza, considerada del siglo XIV, está emplazada fuera del lugar que le correspondería en esa época, es decir, a los pies del hastial. La disparidad formal y estructural de su parte inferior con el resto, obliga a su datación islámica. Lo mismo ocurre con la torre de Santa María de Ateca, desplazada con respecto a la planta de la iglesia y con una decoración atípica.
Iñiguez en su artículo de 1937 sobre torres mudéjares aragonesas dice que “las (torres) de Tauste y La Seo han podido ser alminares en sus primeros cuerpos, pues en su fecha parecen demasiado remota…”.
El número de ejemplos puede seguir ampliándose, pero de momento, sólo se pretende mostrar que el análisis arquitectónico y/o estructural, puede conducir a nuevas interpretaciones más fundadas que las puramen­te arbitrarias o las mal interpretadas por datar el todo por una de las partes documentadas del edificio.

2.3. - CONCLUSION
La arquitectura mudéjar aragonesa es de una acusada personalidad. Tiene su nacimiento hacia 1350, y se prolonga incluso más allá de la expulsión de los moriscos en 1610, especialmente en lo referente a ar­quitectura civil.
Su origen, no explicado satisfactoriamente hasta el presente, se sitúa como una evolución de la arquitectura almohade, ignorando otros precedentes locales distintos de La Aljafería. Los aragoneses Gascón de Gotor, Aznar, Galiay y Borrás citan como único precedente local La Aljafería, mientras que El arquitecto Íñiguez, en cambio, no sólo piensa que el precedente del mudéjar es el arte islámico del Valle del Ebro sino que fecha en el período musulmán las torres de Tauste y La Seo de Zaragoza. Lo lógico es pensar que el mudéjar se desarrollase a par­tir de una arquitectura de ladrillo de época islámica.
Se ha tenido que esperar a los años 70 para situar el fenómeno mudéjar como un estilo con personalidad propia y entidad diferenciada. Esta tardanza tiene su explicación en prejuicios y desconocimiento de los historiadores españoles con respecto al arte hispano—musulmán. Pre­juicios que estaban en consonancia con las ideologías historiográficas dominantes, consagradoras de conceptos como unidad patria -en contrapo­sición con la pluralidad nacional española- y unidad religiosa, conse­guida traumáticamente con la expulsión de judíos y moriscos.
Superados todos estos lastres para el reconocimiento de un arte mudéjar aragonés siguen permaneciendo, sin embargo, en cuanto a la ex­plicación de sus orígenes y a la existencia de un arte musulmán arago­nés. Nosotros lo denominaremos Zagrí, es decir, arte musulmán de la Mar­ca Superior de Al-’Andalus/Taifa de Saraqusta. 3.- La Arquitectura Zagrí 3.1.1 La arquitectura islámica de al-Andalus
“En cuanto a los orígenes de la arquitectura hispano-musulmana y su decoración -dice Geoffrey King (2) -mucho se tomó de la tradición visigoda anterior, pero también muchos de los motivos adoptados pueden haber surgido en Siria, de donde vinieron los Omeyas y sus partidarios. Junto con las formas arquitectónicas comunes a todo el mundo musulmán, España también heredó el repertorio artístico general del mundo medi­terráneo pre-islámico.”
John D. Hoag (3) coincide con esta opinión cuando dice: “la arqui­tectura del Califato de Córdoba parece ser sobre todo una continuación de la Siria Omeya... En el siglo X fueron adoptadas ciertas ideas pro­bablemente orientales, como la bóveda nervada y la decoración en estuco… y con uso de formas decorativas romanas. Puede ser que éste interés por el arte antiguo procediese de los cordiales y frecuentes contactos con Bizancio’.
La arquitectura islámica española no ha sido estudiada en profun­didad salvo en lo referente a los grandes monumentos de Córdoba y Gra­nada, y más parcialmente a monumentos de Sevilla y Toledo. Este arte cordobés, que ha dado en llamarse califal, tiene unas características formales, basadas en las de la mezquita aljama de Córdoba, y se localiza especialmente en el área andaluza y esporádicamente en otros terri­torios de la península. Este periodo se distingue por el uso sistemáti­co de la piedra de sillería, finamente trabajada con aparejo califal, y por el empleo mayoritario del arco de herradura o del lobulado.

(1) Historia de Aragón III. Molina, Luis y Avila Mª Luisa, págs. 97 y ss. Guara Editorial S.A. Zaragoza 1986.
(2) La Arquitectura del mundo islánico. George Michell. Alianza Editorial SA. Madrid 1985.
(3) Arquitectura islámica. John O. Hoag. Electra Editrice. Milano 1973.

El arte islámico nazarí/nasrí de Granada está sin embargo, muy alejado del califal. La tardía incorporación de Granada al Reino de Cas­tilla en 1492, y la intervención en ello del rey Fernando II de Aragón (1) que protegió la conservación de todos los edificios musulmanes de Gra­nada mediante su transformación para nuevos usos, ha permitido que su observación actual nos desvele las grandes diferencias del arte musul­mán entre unas regiones y otras de Al-’Andalus.
Granada, que hasta el siglo XI fue una pequeña ciudad sin impor­tancia, se desarrolla a partir del siglo XII, precisamente coincidiendo con la conquista del reino de Zaragoza por Alfonso I de Aragón. Con es­te monarca tiene lugar un proceso Importante de emigración/inmigración entre Granada y Zaragoza. En 1119, tras la conquista de Zaragoza, emigran numerosos zagríes a ciudades del este y sur, entre ellas Granada, ciudad en plena expansión. En 1125, en cambio, Alfonso I organiza una expedición al rei­no nazarí y consigue traerse a Aragón 10.000 familias de mozárabes gra­nadinos con objeto de repoblar el desierto territorio de Zaragoza. La llegada de los zagríes a Granada tuvo que ser determinante en la evolu­ción de la arquitectura de la ciudad. Hasta entonces, sus monumentos eran de arte califal (piedra de sillería y arcos de herradura en las puertas de las murallas del siglo X), mientras que a partir del siglo XII, con la llegada de los zaragozanos, se abandona el arco de herradura y co­mienza el uso sistemático del ladrillo. Todos los alminares conservados hoy en Granada -convertidos en campanarios- son de ladrillo salvo el de San Juan, del siglo X, califal y de piedra.
La arquitectura del norte de Al-’Andalus, en el Valle del Ebro, tuvo que ser totalmente diferente a la del Sur, en el Guadalquivir, como ya lo fue bajo Roma. Las características del Valle del Ebro obligaban al uso del ladrillo como principal material de construcción, motivando una respuesta artística diferente. La llegada de arquitectos selyucidas iraníes, procedentes de una región con una tradición milenaria en el uso del ladrillo, explicaría la estrecha relación formal, estructural y constructiva de la arquitectura aragonesa con la persa (2).
(1) Fernando II de Aragón fue un gran amante del arte musulmán, como sedemuestra por su intervención en la ampliación de su palacio real La Aljafería y en otros monumentos de fundación real, siempre ejecutados por arquitectos mudéjares aragoneses.
(2) José Pijoan, en Su Historia General del Arte, ya reparaba en las semejanzas entre ambas.

3.1.2.- LA ARQUITECTURA ISLAMICA DE LA MARCA SUPERIOR/REINO DE SARAQUSTA
Cuando se habla de arquitectura islámica aragonesa se tiende a identificarla con el único gran monumento documentado y conservado: La Aljafería. Los demás restos, como los recintos fortificados de Calatayud, Albarracín, Daroca o Rueda; ventanas y puertas en Huesca, Zaragoza son de pequeña entidad, o bien su condición de forta­lezas, impiden la elaboración de conclusiones acerca de las características del arte musulmán en Aragón.
No obstante, con todos ellos, se pueden extraer algunas de sus diferencias con el arte califal. En primer lugar, la ausencia de piedra de sillería, siendo sustituida por la mampostería, el tapial o el ladrillo. Esto se refiere exclusivamente al área en donde posteriormente se desarrolló la arquitectura mudéjar religiosa, no así al ámbito geográfico de Huesca, Barbastro, Alcañiz o Albarracín, donde restos como el alminar mayor de Barbastro hacen suponer una arquitectura islámica en piedra. En segundo lugar, escasez de arcos de herradura; en la Aljafería sólo se encuentran en el mihrab y en el acceso a la mezquita, señalando, precisamente, la dependencia de Córdoba en el orden espiritual; el res­to de las arquerías presentan nuevas formas, alejadas del arte califal.
El extremado orientalismo de La Aljafería no ha pasado desaperci­bido a los especialistas en arte musulmán. John O. Hoag afirma que debido a que las dinastías reinantes en Zaragoza -Tuyibíes y Hudíes- eran de pura estirpe Arabe, “el arte de Córdoba, reforzado con nuevos elementos orientales, se conservó y tuvo un nuevo desarrollo en Zaragoza”.
Pero las fortalezas conservadas, debido a su carácter militar, y La Aljafería, edificio singular levantado primero como fortaleza de Zaragoza y después como Palacio Real, no pueden servir como definidores de la arquitectura zagrí, precisamente por su singularidad. ¿Cómo eran los alminares y las mezquitas, las casas de los nobles y comerciantes los edificios públicos como alhóndigas y hospitales?.
Los abundantes edificios comunes mudéjares conservados, de los siglos XIV y XV, debieron seguir forzosamente las directrices marcadas por la arquitectura zagrí, supuestamente desaparecida.
Obligados por la necesidad de emplear el ladrillo como material de construcción y decoración, los arquitectos zagríes debieron buscar soluciones dentro de las fuentes del mundo islámico. Las hallaron felizmente en Oriente, en el ámbito iraní, facilitado el hecho por el carác­ter comercial de Zaragoza, el origen Oriental de sus gobernantes, y la identidad del medio físico y tradiciones contructivas de ambas regiones musulmanas.




Bujara. Uzbekistán. Decoración del alminar de Po-i-Kalyan (foto, Rosa Hierro)


3.2.- LA ARQUITECTURA ORIENTAL DE LADRILLO HASTA EL SIGLO XII
Existen dos hechos que caracterizan la arquitectura islámica ara­gonesa. El primero es la gran tradición constructiva en ladrillo, desde Roma y los pueblos pre-romanos, hasta el siglo XX, en Zaragoza, en 1983, dominan de tal forma las construcciones de ladrillo, que quizá puedan estimarse éstas en un 90% del total. El segundo hecho, apreciado por todos los investigadores de arte islámico, es el profundo orientalismo de sus edi­ficios. Veamos, pues, como son los edificios de ladrillo orientales, contemporáneos de los zagríes.




Gazni. Afganistán. Alminar de planta estrellada como la Torre Nueva de Zaragoza


3.2.1.- LOS ANTECEDENTES DE LA ALJAFERIA: UHAYDIR Y SAMARRA
El palacio de Uhaydir, abasí, es de planta cuadrada, con esbeltos torreones ultrasemicirculares y paños de muralla aligerados con arque­rías ojivales.
La ciudad de Sámárra, también abasí, posee varios edificios amu­rallados, y la ciudad misma, semejantes a Uhaydir. Conserva fachadas coronadas por arquerías que recuerdan al clásico mirador de arquetes de la arquitectura mudéjar civil aragonesa. La Gran Mezquita conserva pa­ños decorativos, como será común en la arquitectura zagrí.
Un elemento constructivo muy común en la arquitectura islámica aragonesa, la bóveda enjarjada (o de aproximación de hiladas), tiene su origen en la arquitectura mesopotámica pre-islámica.
Así pues, en Uhaydir y Samarra encontramos elementos formales y constructivos que aparecerán en la arquitectura zagrí, diferenciándola de la del resto de Al-’Andalus:
· El ladrillo como elemento constructivo y decorativo.
· La bóveda enjarjada como elemento estructural.
· Los arcos ojivales, con claves desaparejadas
· Los paneles decorativos en paramentos exteriores.
· Arquerías ciegas como elemento formal.
· Construcción de arcos sin cimbrar









Isfahan. Irán.. Mezquita selyuquí del Viernes


3.2.2.- IRÁN, AFGANISTÁN Y TURQUESTÁN: EL IMPERIO SELYUQUÍ
Las tumbas del samánida Ismaºil en Bujara (Uzbekistán) y ºArab Ata en el valle de Zeravsan (Tachikistán) fechadas hacia 943 y 977 pueden considerarse como antecedentes próximos de la arquitectura zagrí, con­sagrándose en ellas las características más comunes de la arquitectura zagrí:
· El ladrillo profusamente usado como elemento constructivo y formal en frisos de esquinillas, lacerías, etc..
· El ladrillo aplantillado usado tanto en elementos verticales, columnas y arquivoltas, como en horizontales, cornisas, pisos, jambas, etc..
· Portadas compuestas por dos o más planos, el exterior adintelado -el alfiz- y el interior o interiores, con arcos ojivales. Motivos heráldicos pueden aparecer en las albánegas.
· Mirador de arquetes en la parte superior de la portada.
Los alminares de Gurgán (1006/7) en Irán y Gazni en Afganistán, recuerdan a los aragoneses en su concepción de construcción desprovista de decoración en su parte inferior el primero, y en la profusión de ta­bleros decorativos el segundo. Además éste, por su planta estrellada, recuerda a la desaparecida Torre Nueva de Zaragoza. (1)
Los alminares de Kirat (siglo XI) en Jurasán, Suweh (1110) en Irán y Kalyán (1127) en Bujara, sorprenden por el extremado paralelismo en sus motivos ornamentales con los alminares zagríes.

3.2.3.- SIRIA E IRAQ
La arquitectura de Siria e Iraq hasta el siglo XII, evolución de la abbasí, sigue empleando en algunas de sus regiones el ladrillo y los tableros decorativos como en los vecinos territorios iraníes. Sirven de ejemplo la tumba de Imán Dúr en Sámárra y el alminar de Nur-ad-Din en Mosul.
Otro elemento iraquí -que luego se exporta a Irán- relacionado con lo zagrí, es el uso de cerámica vidriada en exteriores. Junto con los tableros decorativos de ladrillo, es el principal recurso ornamental de las torres aragonesas, produciendo la vibración y luminosidad características de la arquitectura islámica de Aragón.

3.3.- ALMINARES, MEZQUITAS Y OTROS EDIFICIOS ZAGRIES



El ladrillo es el elemento que define la arquitectura zagrí: es el principal material de construcción y recurso ornamental. La arqui­tectura islámica en Aragón se adapta a la tradición constructiva ante­rior a los romanos, obligada por la falta de otros materiales, como la piedra. Además del ladrillo se usó con cierta profusión el tapial y la mampostería, respondiendo también a tradiciones pre-romanas (1). Se ade­cuaba con ello la arquitectura a los materiales disponibles y al vigor del clima aragonés.
Los edificios y tipologías estudiados a continuación, correspon­den a comarcas del centro y oeste de Aragón, donde se usa el ladrillo como material constructivo. Quedan para posteriores Investigaciones otros edificios del sur de Aragón, así como la arquitectura zagrí de piedra, no documentada, que se pueda conservar en los distritos de Huesca, Barbitaniyyah y As-Sahla.
De los edificios zagríes estudiados, son los alminares el grupo más numeroso, mejor conservado y de más fácil identificación. Ello es debido a que la función de alminar es perfectamente adaptable a la de torre-campanario. Su belleza plástica sería otro factor importante para su conservación en época cristiana.
Las mezquitas, probablemente fueron en su mayoría conservadas y consagradas al culto cristiano. Posteriormente se ampliarían con un pres­biterio, transformándolas en edificio direccional. Muchas de ellas fue­ron derribadas entre los siglos XV y XVII, pero otras han subsistido convertidas en casas y conventos.
1. La ciudad celtíbera de Kontebakum Bel (s. l antes de C.). en Botorrita a 20 Km de Zaragoza, conserva edificios públicos de adobas

Zaragoza. San Pablo

3.3.1.- LOS ALMINARES


Materiales
Los alminares, muy numerosos, han sido considerados hasta ahora como torres mudéjares, sin datación, adscribiéndolos a tipologías atípicas, y no pudiendo justificar su emplazamiento anormal con respecto al templo que acompañan, ni el arcaísmo de su decoración.
Generalmente son de ladrillo, pero existen varios casos cuyo cuer­po inferior es de tapial, como Belmonte, Maluenda, Villalba o Cervera, en el distrito de Calatayud, y San Mateo de Gállego, cerca de Zaragoza. Todos éstos están ubicados dentro del sistema fortificado de estas loca­lidades, lo que indica que el alminar de ladrillo se construye sobre una torre defensiva de tapial, preexistente.
Otras veces, como en la Magdalena y La Seo de Zaragoza, y la Magdalena de Tarazona, el ladrillo se asienta sobre un zócalo de piedra de sillería.
Sin embargo, lo más usual es que la torre sea de ladrillo desde el suelo hasta su coronación, con aparejo de ladrillo a soga y tizón alternativamente, aunque en el distrito de Calatayud es fácil encontrar hiladas a soga alternando con otras a tizón.

Planta y estructura
La planta más extendida es la cuadrada, aunque también se da la planta octogonal y más ocasionalmente la planta mixta, cuadrada en su parte inferior y octogonal la superior.
El cuerpo inferior es ciego, y la estructura generalmente en dos torres concéntricas, entre las que se desarrolla la escalera. La torre interior se reduce a un simple machón si el alminar es pequeño; en cam­bio se abren en ella estancias cuando el alminar es de mayores dimen­siones. En el cuerpo superior desaparece la torre Interior, dando lugar a una sola abierta al exterior por el balcón, serie de ventanas forma­das por arcos entrecruzados, desde donde el almuédano llamaba a oración.
Muchas torres disponen de un segundo cuerpo con aberturas al exterior. Una linterna permitía el acceso a la terraza que cubría la torre, con­servándose en raras ocasiones.
Existe una variante en la disposición de la torre interior, cuan­do ésta descansa sobre la bóveda en lugar de apoyarse sobre el suelo, permitiendo la apertura de una sala en el cuerpo bajo comunicada con el templo. Su orientación hacía La Meca, permite suponer que estas salas fuesen los mihrabs de sus respectivas mezquitas. Entre estas to­rres se encuentran las de San Andrés de Calatayud, Albalate del Arzobis­po y Utebo.
Otro grupo de alminares no dispone de la torre Interior, quedando el espacio del cuerpo inferior subdividido en varios pisos, accesibles entre sí por escaleras de mano. La entrada a la torre se realiza por una cota elevada, lo que hace suponer que se tratase de torres defensivas, usadas también como alminares en lugares habitados. Ejemplo de este gru­po son las torres de Longares, Encinacorba y Romanos, Villarreal de Huerva.
Las bóvedas Interiores de los alminares suelen ser de cañón apuntando, mientras que las de escaleras y estancias en planta baja son, generalmente, de aproximación de hiladas, o a veces pequeñas bóvedas de cañón apuntando.
La mayor parte de las veces los alminares son exentos, a juzgar por su actual disposición en planta que no guarda relación con el resto del edificio construido junto a él en fechas posteriores. La decoración en todos sus lados hasta lo más inferior de su base, corrobora su ori­gen exento. La excepción lógica a este carácter exento se da en los al- minares-mihrabs.

Tauste (Cinco Villas). Torre de Santa María

Decoración
Todas las torres, salvo las de tapial, llevan tableros decorativos, que pueden abarcar o no toco un cuerpo ciego, dispuestos consecutivamente y separados entre si por frisos de esquinillas. Esta dispo­sición es cono la de los alminares de Gazni, Buhara, Kirat y Saweh.
El repertorio ornamental es muy variado, tienen en coman con los alminares de Oriente la decoración a base de rombos -resaltados o re­hundidos-, cruces rehundidas, sucesiones de estrellas de ocho puntas y frisos de esquinillas.
La decoración con tableros en espina de pez y zig-zag es muy ca­racterística de la arquitectura zagrí y rara en la mudéjar. Estos moti­vos ornamentales proceden del Yemen, y quizá su presencia en Aragón se explique por el origen yemení de Tuyibíes y Hudíes.
Otros paneles presentan merlones tabicados, o también frisos de ladrillo en diente de sierra con columnillas vidriadas intercaladas. Son usuales también los arcos mixtilíneos -procedentes de La Aljafería- que se entrecruzan formando un segundo piso de complicada lacería.
De la misma manera que la espina de pez, otro elemento peculiar de lo zagrí que es inusual en lo mudéjar, es la arquería ciega de arcos entrecruzados -generalmente de medio punto- también inspirados en La Aljafería. Los fondos de arquerías y rombos iban lucidos de yeso, aunque en muchas ocasiones se ha desprendido el revestimiento quedando el ladrillo desnudo.
Junto con las lacerías, la cerámica es fundamental en el sistema ornamental de los alminares. Intercalados en todas las fachadas, inclu­so en las de tapial, aparecen platos de cerámica vidriada de color verde y melado, estrellas blancas y verdes, azulejos blancos, morados o ver­des, columnillas, tiras de flechas etc, incluso azulejos tricolores como en La Parroquieta de La Seo de Zaragoza.
El sistema ornamental resulta de una plástica vibrante, donde la luz juega un papel importantísimo, resaltando los reflejos de las cerá­micas y los juegos de luces y sombras.




Villalba de Perejil (Comunidad de Calatayud). Fábrica de tapial de yeso con tres arcos de herradura. S.X




3.3.2.- LAS MEZOUITAS
Las mezquitas conservadas corresponden a edificios muy trans­formados y que posiblemente no tuvieron una gran riqueza decorativa, por lo que ésta no ha llegado hasta nosotros. Su existencia se puede detec­tar a través de las plantas de las actuales iglesias, salvo en el caso de los restos de la mezquita-aljama de Zaragoza, que son excepcionales al tratarse de un edificio anexo a la propia mezquita.
El proceso de conservación/destrucción de las mezquitas pudo ser el siguiente: En primer lugar la mezquita se consagra al culto cristiano sin otras transformaciones que la sustitución de símbolos musulmanes por otros cristianos. Serian generalmente de planta de salón con tres naves y tres cuerpos. En una segunda fase entre los siglos XIII y XIV, se les añade a muchas de ellas un presbiterio con uno o tres ábsides, transformando así la planta salón en longitudinal. En otros edificios se da una tercera fase al derribarse parte de la mezquita -aunque conservando sus muros exteriores- para ser sustitui­da por una construcción mudéjar o renacentista.





Zuera. Ábsides románicos adosados a la mezquita zagrí.





Caso aparte lo constituyen las mezquitas que se usaron hasta 1610 por la minoría musulmana, aunque muchas de ellas fueron ya construidas bajo dominio cristiano, corno las de Torrellas y Tórtoles, fechadas en los siglos XIV y XV. Estas mezquitas, casi siempre de tapial, fueron transformadas en los siglos XVII y XVIII mediante ornamentación barroca y a veces se recreció su fábrica primitiva para dotarlas de una altura más acorde con la concepción cristiana del templo. A través de signos aparentes, como la orientación al SE, su relación con el campanario, su escasa altura, planta cuadrada, cubierta de madera, etc., pueden identificarse como mezquitas transformadas en iglesias, las de Zuera, S. Gil de Zaragoza, Santa Cruz de Moncayo, Luceni, Miedes, Villarroya de la Sierra, S. Andrés y Santa María de Calatayud, La Vilueña, Villadoz y Gelsa, entre otras.


Zaragoza. Santa Engracia. Restos de la iglesia mozárabe de las Santas Masas. s. XI

3.3.3.- OTROS EDIFICIOS
Más difícil de reconocer son los edificios no religiosos musulma­nes reutilizados por los cristianos, ya que los nuevos usos los han en­mascarado totalmente siendo casi imposible el seguimiento de su evolución. No obstante, son reconocibles restos en palacios y fortalezas medievales por su emplazamiento, por noticias documentales o por restos accidentales como columnas, capiteles u otros elementos.
Sirva de ejemplo el Monasterio de la Resurrección de Zaragoza, con­vento de monjas emplazado desde el siglo XIII en lo que fue Zuda Orien­tal, y que fue construido apoyándose en las murallas romanas de la ciu­dad. La actual sala capitular del monasterio -de planta cuadrada, con bóveda de crucería simple y una de sus paredes en la muralla- conserva en sus cuatro rincones sendas columnas cuyos capiteles califales, lle­van inscripciones en árabe. No es difícil suponer que la sala fuese de origen musulmán y se adaptase en el siglo XIII al uso monacal.


Zaragoza. S. Gil. La torre de esta iglesia explica de manera muy gráfica como se pasa de una edificación zagrí, el antiguo alminar con paños decorativos con cerámica vidriada, a un campanario mudéjar, decorado con paños de sebka, y como es habitual sin cerámica vidriada. La proporción del alminar (de altura suficiente para una mezquita de barrio pero insuficiente para una iglesia cuyas bóvedas son más altas que la torre), y su emplazamiento inadecuado con respecto a la iglesia, en el centro de su fachada norte, que obliga a que los cuerpos altos (éstos ya cristianos) deban volar sobre el ándito, lo que hubiese sido innecesario si la torre, de haber sido en su totalidad cristiana se ubiese ubicado a los pies de la nave y fuera de ésta




3.4.- LA ARQUITECTURA MUDEJAR: EVOLUCIÓN DE LA ARQUITECTURA ZAGRÍ
El nacimiento de la arquitectura mudéjar aragonesa tiene lugar tí­midamente a mediados del siglo XIII, y de forma más intensa en el XIV, tras un periodo de escasa actividad edilicia, generalmente en estilo románico o cisterciense. En algunos casos se trata de la terminación de edificios románicos o cistercienses inconclusos (Daroca). Otras veces se trata de modificaciones o ampliaciones de anteriores edificios musul­manes (La Seo, San Gil y La Resurrección de Zaragoza, Santa María de Ma­luenda o Santa Tecla de Cervera de la Cañada). Más común es el caso de edificios de nueva planta iniciados en el siglo XIV y terminados a veces varios siglos después (iglesias-fortaleza de Tobed, Torralba o Azuara; iglesias de tapial o ladrillo de San Miguel o San Pablo de Zaragoza, Quin­to, Tauste, Tarazona, etc.).
En el análisis de las torres, puede resultar muy dificultosa la distinción entre un alminar zagrí y un campanario mudéjar, sobre todo cuando son mudéjares arcaicos o alminares con transformaciones en el si­glo XVI. En este último caso están la torre de Utebo o la Torre Nueva de Zaragoza (demolida en 1892), que sufren profundas reformas documen­tadas en ese siglo, de manera que se las ha llegado a considerar como obras de nueva planta del siglo XVI.
El uso de arcos ojivales en lo zagrí y lo mudéjar, y el uso de arcos túmidos en lo mudéjar, conduce a confusión en algunos casos, como San Pablo de Zaragoza, Sta. María de Calatayud, o algunas torres de Teruel, que por el momento no podrán ser adscritas a un periodo determinado.




Aniñón (Comunidad de Calatayud). Nuestra Señora del Castillo. La torre es el antiguo alminar del s. XI; el actual hastial es el antiguo lateral mudéjar del s. XIV; la actual iglesia con mirador del s. XVI. La capilla de la derecha del s. XVII


3.4.1.- ELEMENTOS DECORATIVOS DE LA ARQUITECTURA MUDÉJAR
como se han descrito una serie de elementos decorativos del arte Zagrí, que aparecen escasamente en la arquitectura mudéjar -arcos entrecruzados, zig-zag, espinas de pez, incrustación de platos, etc.- existen otros elementos tomados de corrientes artísticas posteriores al siglo XII, que permiten identificar la arquitectura Mudéjar:
De la arquitectura almohade se toma la decoración a base de paños de sebka, común en las torres mudéjares y en los ábsides.
En edificios perfectamente documentados en su construcción, como la iglesia de Quinto, las iglesias-fortaleza, etc. (siglos XIV y XV), se conoce la composición de la torre a base de cuerpos separados por cornisas, el cuerpo de campanas está englobado en el conjunto sin distinción volumétrica y sus huecos están decorados con lazos. El remate de la torre es un chapitel de ladrillo que sustituye a la antigua linterna zagrí. Por otro lado la torre está unida es­tructural y espacialmente al resto de la iglesia, a diferencia de los alminares que solían ir exentos.
Las torres del siglo XVI, incorporan ventanas de doble rosca, similares a las de los miradores de arquetes de la arquitectura civil contemporánea. Se incrustan los mismos azulejos que en los arrimaderos de iglesias y palacios, totalmente diferentes a los arcaicos de estrellas, platos y puntas de flecha. Las cornisas em­pleadas para separar los diferentes cuerpos, introducen el ladri­llo aplantillado de la misma manera que en la arquitectura civil.

3.5.- DISTRIBUCION REGIONAL
Lo que en este trabajo se denomina arquitectura zagrí, es decir, arquitectura de ladrillo (o ladrillo y tapial) que se desarrolla en la Marca Superior, presumiblemente en los siglos X y XI, no alcanza la totalidad de este territorio andalusí, ya que los distritos de Huesca y Barbitaniyya al carecer de tradición constructiva en ladrillo, siguen desarrollando durante estos siglos una arquitectura andalusí convencional, generalmente en piedra, como lo demuestran los restos aún conservados. Son de señalar a la torre de la Seo de Barbastro, separada del templo, y de planta hexagonal. De piedra y con estructura de doble torre, se trata del antiguo alminar de la mezquita aljama, incendiado en 1366 y reformado en 1610-1626. También son sospechosos de ser antiguos alminares, numerosas torres de piedra de planta mixta cuadrada-octogonal, de pueblecitos de La Hoya de Huesca, poblados por moriscos hasta el s. XVII.
En cambio Zaragoza y su amplio distrito, así como los de Tudela -en su parte aragonesa- área de Tarazona y Borja, Calatayud y Daroca, po­seen una abundante muestra de arquitectura zagrí (y consiguientemente mudéjar).

3.5.1.- ZARAGOZA
El distrito de Zaragoza era con mucho el más extenso de la Marca Superior, abarcando la parte central de actual provincia de Zaragoza y gran parte de la de Teruel, salvo el Suroeste de ésta, en torno a Albarracín.
Zaragoza cuenta con pocos restos medievales, por la feroz activi­dad demoledora que tuvieron sus ciudadanos en los siglos XIX y XX. Pese a ello, se han mantenido en pie algunos monumentos excepcionales de la arquitectura zagrí, además de La Aljafería y los baños árabes de la comunidad judía.





Zaragoza. La Seo. Cerramiento SO (parte inferior de los muros hasta el alero bajo), probablemente procedente de la mezquita aljama del s. XI



LA SEO DEL SALVADOR / MEQUITA ALJAMA

Conquistada la ciudad en 1118, Alfonso I permitió el uso de la mezquita-aljama a los musulmanes durante un año, transcurrido el cual fue consagrada al culto cristiano bajo la dedicación del Salvador, pasan­do a ser templo metropolitano o catedral (Seo en aragonés).
A fines del siglo XII se añaden tres ábsides románicos, orienta­dos al Norte, aún conservados. En el siglo XIV, se efectuaron importan­tes obras de reparación, seguramente el levantamiento de tres naves ali­neadas con los ábsides, y entre los siglos XV y XVI se am­plió considerablemente (quizá alcanzando los antiguos muros del períme­tro de la mezquita), adoptando la planta salón que existe en la actua­lidad.
El alminar de la mezquita, de planta octogonal, se conservó en su estado original hasta que a fines del siglo XVII, Giambattista Contini lo reformó, envolviéndolo con nueva piel y tomando el actual as­pecto de torre barroca, pero conservando la estructura originaria de alminar musulmán.
Pero aparte de los posibles restos en muros exteriores y de la estructura de la torre, los restos musulmanes más importantes son los co­rrespondientes a la actual Parroquieta, al norte del templo. La Parroquieta, destinada a sepultura del arzobispo Don Lope Fer­nández de Luna, y dedicada a San Miguel Arcángel, se ha considerado has­ta la fecha como obra mudéjar en base a documentación citando que entre 1374 y 1381, el arzobispo “labra” la capilla (1) y manda traer a dos azulejeros sevillanos para la cerámica, dos pintores para decorar el interior y un escultor catalán, Pere Moragues, para labrar el sepulcro.
La obra, sin embargo, no es del siglo XIV, sino anterior, es de­cir musulmana, porque, en primer lugar, la documentación conservada del siglo XIV sólo se refiere a obras de acabado y no de construcción del grueso de la fábrica; y sobre todo, el análisis de sus restos indica que el arzobispo intervino modificando un edificio pre-existente.
El interior actual es de una sola nave con dos tramos en los pies y un presbiterio, unidos en época moderna, aunque originalmente eran dos salas independientes. Las cuatro ventanas exteriores, son sin duda mu­déjares por los escudos de sus jambas (Luna), pero su perfecta situa­ción con respecto al interior no se da en el exterior, rompiendo la composición de la pared y de la tracería donde se ubican.
Una vez observado que las ventanas abiertas por el arzobispo Luna rompen la fábrica preexistente, hay que justificar la intervención de los dos azulejeros sevillanos, prescindiendo de los buenos artífices aragoneses. La decoración básica del muro son las clásicas estrellas blan­cas y verdes, puntas de flecha, platos, etc., además de azulejos rómbi­cos cubriendo fondos de laceria y los merlones, material extraño en la época mudéjar. Fernández de Luna al abrir las nuevas ventanas precisaba una decoración similar a la de las lacerías, y al no haber en Aragón maes­tros que las fabricasen, contrató a los azulejeros sevillanos cuya obra era más próxima a la antigua azulejería zagrí. La labor de los sevilla­nos, a pesar de su parecido a lo zagrí, se distingue con claridad por el menor tamaño de los rombos, su colorido más variado y su localización en las zonas de nueva intervención (ventanas y reposición de faltas exis­tentes). En la parte inferior del muro, junto a platos y estrellas, apa­recen rombos con el escudo del arzobispo, posiblemente sustituyendo a azulejos antiguos con textos árabes musulmanes. La decoración en la par­te superior con espigas y almenas (aunque tabicadas), corroboran la datación zagrí de todo el muro.
El interior viene a confirmar el origen de la capilla, al estar el presbiterio cubierto por una soberbia cúpula de mocárabes, en madera dorada, con abundantes textos en árabe de difícil lectura, haciendo re­ferencia a Dios. Aparecen también los escudos del arzobispo y ángeles en las ménsulas, pero fueron superpuestos en la reforma del siglo XIV.
En la última restauración, se descubrieron unas ventanas ojivales abiertas hacia el interior del templo, lo que indica que la capilla se iluminaba desde el sahn de la mezquita, desde donde se accedía a esta edificación.
Bajo el presbiterio existe una cripta de piedra sillar, cuya bó­veda se ha perdido. El acceso a la misma es por un pasillo abierto entre dos muros paralelos -como la estructura de los alminares- cubierto por bóvedas de aproximación de hiladas que aparecen rotas en un tramo, para albergar mediante un arco rebajado de piedra la tumba del arzobispo.
Todos estos detalles vienen a corroborar la intervención de Fernández de Luna sobre una edificación existente.








Zaragoza. Parroquieta. El arco mixtilíneo de la derecha se sobredecora en el s. XIV con azulejos sevillanos y las armas del arzobispo Fernández de Luna





La Parroquieta sería en época musulmana una edificación aneja a la mezquita, abierta al sahn. Debido a su estructura y a su utilización cristiana como capilla mortuoria, cabe pensar que sería edificada por algún rey de la taifa zaragozana para albergar su sepultura, como era costumbre entre algunos príncipes musulmanes. La similitud de la bóveda de mocárabes, con la que se supone que cubría el oratorio de la Aljafe­ría, desaparecida en el siglo XV, induce a pensar que fuese mandada a construir por Ahmad I Al-Muqtadir.